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¿Dieta antiinflamatoria? ¿Es lo mismo inflamación crónica e hinchazón abdominal?
En los últimos años, la dieta antiinflamatoria ha ganado muchísima popularidad. Parece que todo el mundo habla de alimentos "mágicos" para combatir la inflamación, pero ¿realmente sabes qué significa este tipo de alimentación? Y lo más importante: ¿es algo exclusivo o simplemente el estilo de vida que todos deberíamos seguir?

Hoy te aclaramos las dudas y, de paso, despejamos la confusión entre dos términos que suelen mezclarse: inflamación crónica e hinchazón abdominal.

¿Por qué tanto ruido con la inflamación?

La inflamación se ha convertido en la palabra del momento porque está relacionada con muchas enfermedades modernas como diabetes, obesidad, problemas cardiovasculares y hasta cáncer. Sin embargo, el concepto de “dieta antiinflamatoria” no es algo revolucionario ni un plan de moda; es, en realidad, un patrón alimentario basado en alimentos mayormente de origen vegetal que deberíamos consumir por salud, no solo para “desinflamarnos”.

El problema es que vivimos en un entorno que promueve justo lo contrario: ultraprocesados, azúcares, sedentarismo, estrés... Y aquí entra la dieta antiinflamatoria como solución, pero en realidad no deberíamos verla como una tendencia pasajera, sino como un estilo de vida básico y necesario.

¿Es lo mismo hinchazón abdominal que inflmación?

La hinchazón abdominal es esa sensación incómoda de vientre lleno, también relacionado con gases, que aparece después de comer, y que muchas veces se confunde con inflamación.

¿Qué puede provocar una hinchazón abdominal?
  • Comer rápido o no masticar bien.
  • Alimentos que producen gases (legumbres, coles, bebidas carbonatadas).
  • Intolerancias alimentarias como la intolerancia a la lactosa.
  • Estrés o ansiedad, que afectan directamente a la digestión.
  • Celiaquía no diagnosticada.
  • Enfermedades inflamatorias intestinales.
  • Síndrome de intestino irritable.
  • Alteración en la microbiota intestinal.
  • Infección gástrica con helicobacter Pylori.
  • Sobrecrecimiento bacteriano (SIBO)
La hinchazón abdominal es molesta, pero generalmente no es grave ni un indicador de inflamación crónica. Con algunos ajustes en tus hábitos, como masticar bien o evitar ciertos alimentos, suele mejorar rápidamente. En el caso de haber cierta infección o desequilibrio en la microbiota, corregir la raíz del problema también haría de esta situación algo totalmente reversible. Y, en el caso de una enfermedad, es fundamental tratarla para mejorar y revertir los síntomas.

Inflamación crónica: El enemigo silencioso

Aquí es donde las cosas se ponen serias. La inflamación crónica no tiene por qué sentirse como hinchazón ni apreciarse a simple vista. Es un proceso silencioso pero constante, donde el cuerpo actúa como si estuviera luchando contra una amenaza invisible.

¿Qué provoca la inflamación crónica de bajo grado?
  • Dietas ricas en ultraprocesados, azúcares y grasas poco saludables.
  • Estrés crónico y falta de sueño.
  • Sedentarismo y exceso de grasa abdominal.
  • Desequilibrios en la microbiota intestinal.
¿Por qué es peligrosa?
La inflamación crónica está asociada con problemas graves como enfermedades cardiovasculares, hipertensión,  diabetes tipo 2, artritis, problemas neurológicos e incluso algunos tipos de cáncer. Y aquí es donde entra la dieta antiinflamatoria como herramienta para mantenerla a raya.

Hinchazón vs. Inflamación: ¿Cómo distinguirlas?

La hinchazón es puntual y suele estar relacionada con problemas digestivos. La inflamación crónica, en cambio, es un proceso sistémico que no se siente de inmediato, pero que impacta tu salud a largo plazo.

Si bien ambas pueden mejorar con una dieta antiinflamatoria, el objetivo principal de este patrón de alimentación no es solo deshincharte, sino prevenir enfermedades graves y mejorar tu calidad de vida.

Más allá de modas sobre dieta antiinflamatoria 

La dieta antiinflamatoria no debería verse como un plan exclusivo para quienes quieren seguir una tendencia o como algo que “se pone de moda”. Es un estilo de vida que prioriza alimentos mínimamente procesados, ricos en fibra, antioxidantes y compuestos antiinflamatorios, propios de un patrón de dieta mediterránea. En pocas palabras, es cómo todos deberíamos comer para estar bien.

Así que la próxima vez que escuches hablar sobre dieta antiinflamatoria, no pienses en ella como una solución mágica, en donde la cúrcuma o el jengibre son la solución y el gluten perjudicial. No tiene nada que ver con alimentos específicos ni nutrientes aislados. Va de hábitos y patrones que hacemos diariamente. Mucho menos si lo que tienes es un problema digestivo al que prestar atención. La dieta antiinflamatoria que se promueve en ciertas redes sociales puede suponer un atraso en el diagnóstico de cierta patología. Eso sí que sería perjudicial.

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